Guardar el pescado en la nevera o el congelador no evita que los plásticos del envase contaminen la carne

Un estudio publicado en la revista científica Environment International ha analizado la migración de aditivos plásticos desde los envases al pescado fresco bajo condiciones reales de almacenamiento doméstico. Los resultados son claros: los plásticos migran tanto en refrigeración como en congelación, el BPA es el compuesto más preocupante y los bebés y niños pequeños son los más expuestos. Las bolsas de plástico y las bandejas de poliestireno son los envases que más contaminan.

Compras salmón, merluza o atún en el supermercado, lo guardas en la nevera o lo metes al congelador, y das por hecho que el envase es solo un contenedor. Lo que este estudio demuestra es que no es exactamente así. Mientras el pescado espera en el frigorífico o en el congelador, los aditivos químicos del plástico del envase se transfieren a la carne del pescado. Y eso ocurre incluso a temperaturas negativas, incluso en los plásticos que se venden como compostables o reutilizables.


Qué han analizado y cómo

El estudio, firmado por investigadoras de las universidades de Florencia y del Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua del CSIC en Barcelona, ha analizado la migración de 49 aditivos plásticos distintos desde envases comerciales a tres especies de pescado fresco: salmón, atún y merluza.

Los envases se compraron en supermercados de Barcelona en febrero de 2025 y se eligieron por ser representativos de lo que la gente usa habitualmente en casa: bandejas de poliestireno cubiertas con film transparente, bandejas compostables de celulosa cubiertas con el mismo film, y bolsas de plástico con cierre zip reutilizable.

Las dos condiciones de almacenamiento simuladas fueron también las habituales: refrigeración a 4 grados durante 48 horas, y congelación a -18 grados durante 30 días.

Los aditivos analizados se dividieron en cuatro grupos: ftalatos (PAEs), plastificantes no ftalatos (NPPs), ésteres de organofosforado (OPEs) y bisfenoles (BPs). Entre estos últimos el más conocido es el bisfenol A, o BPA, cuyo uso ya está restringido en varios países por sus efectos como disruptor endocrino.


Qué encontraron: migración en todos los envases y en todas las condiciones

El primer hallazgo relevante es que en todos los envases analizados se detectaron aditivos plásticos. El 69% de los 49 compuestos analizados estaban presentes en los materiales de envasado, con concentraciones muy variables según el tipo de plástico.

Pero lo más significativo es lo que pasó después: los aditivos plásticos se detectaron en el pescado tras el almacenamiento en todos los casos, tanto en refrigeración como en congelación. Las muestras control, envueltas en papel de aluminio sin plástico, mostraron niveles mucho más bajos, lo que confirma que el envase es la fuente principal de contaminación.

Las tasas de migración variaron mucho según el compuesto y las condiciones, desde valores prácticamente insignificantes hasta el 100% en algunos casos, como el bisfenol B en merluza envasada en bolsa de zip y conservada congelada.


Los factores que más influyen: envase, temperatura y tipo de pescado

El tipo de envase importa más de lo que parece. A pesar de que las bandejas de poliestireno tenían más cantidad de aditivos que las bolsas zip, las bolsas generaron tasas de migración más altas. La razón es el contacto directo: en las bolsas, el plástico envuelve toda la superficie del pescado, mientras que en las bandejas hay una separación y un espacio de aire que ralentiza la transferencia.

El tiempo en el congelador puede ser más problemático que la nevera. Los ftalatos y los bisfenoles mostraron concentraciones más altas en los pescados conservados congelados, lo que sugiere que el tiempo de contacto prolongado compensa el efecto de la temperatura baja. En cambio, los plastificantes no ftalatos migraron más en refrigeración, donde la temperatura es algo más alta.

El contenido en grasa y en agua del pescado también determina qué compuestos migran más. El DEHA, un plastificante con alta afinidad por las grasas, alcanzó tasas de migración cercanas al 100% en el salmón, que es el pescado más graso de los tres analizados. Los bisfenoles, en cambio, mostraron mayor migración hacia la merluza, que tiene el mayor contenido de agua. Esto tiene implicaciones prácticas directas: no todos los pescados se contaminan igual con el mismo envase.


El BPA es el compuesto más preocupante para la salud

El estudio calculó la ingesta diaria estimada y el índice de peligrosidad para tres grupos de población: adultos, niños de 1 a 3 años y bebés de 6 a 12 meses.

Los resultados muestran que algunos escenarios superan el umbral de riesgo considerado seguro. El índice de peligrosidad, que se considera preocupante cuando supera el valor 1, alcanzó valores de hasta 317 en niños y 284 en bebés en el peor escenario estudiado: merluza envasada en bandeja compostable y conservada congelada.

Prácticamente toda esa señal de riesgo viene del BPA. La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria revisó en 2023 su límite de ingesta tolerable para este compuesto y lo redujo 20.000 veces respecto a la evaluación anterior, pasando de 4 microgramos por kilo de peso corporal al día a 0,2 nanogramos. Ese cambio de criterio es lo que convierte exposiciones que antes se consideraban aceptables en potencialmente problemáticas.

Los bebés son los más vulnerables no porque consuman más pescado en términos absolutos, sino porque su peso corporal es mucho menor. Una pequeña cantidad de pescado representa una dosis relativa mucho mayor que para un adulto.


Lo que dice el estudio sobre los envases compostables

Uno de los hallazgos más contraintuitivos del trabajo es el comportamiento de los envases compostables. La bandeja de celulosa compostable mostró tasas de migración ligeramente superiores a las de la bandeja de poliestireno convencional, y en ella se detectaron compuestos como el bisfenol B que no aparecían en los otros materiales.

Esto no significa que los envases compostables sean peores que los convencionales en todos los aspectos, pero sí indica que la etiqueta de «ecológico» o «compostable» no garantiza menor migración química. Estos materiales también contienen aditivos que pueden transferirse al alimento, y en algunos casos de forma más intensa que los plásticos tradicionales.


Qué implica esto para el consumidor

El estudio no recomienda dejar de comer pescado. Al contrario, los autores subrayan que los beneficios nutricionales del consumo regular de pescado graso siguen siendo sólidos. Lo que plantean es que la exposición a aditivos plásticos a través del envase es una vía de contaminación real que hasta ahora se había infravalorado.

Algunas consideraciones prácticas que se desprenden del trabajo:

— Guardar el pescado en bolsas de plástico zip con contacto total genera más migración que almacenarlo en bandejas con film.

— La congelación prolongada puede aumentar la transferencia de ciertos compuestos, en particular bisfenoles y algunos ftalatos.

— Transferir el pescado a un recipiente de vidrio o envolverlo en papel de aluminio antes de guardarlo reduciría la exposición, aunque el estudio no evaluó específicamente estas alternativas domésticas más allá del papel de aluminio usado como control.

— Los niños pequeños y los bebés son los grupos más vulnerables y merecen atención especial a la hora de seleccionar cómo se almacena el pescado que van a consumir.

Preguntas frecuentes sobre la migración de plásticos al pescado

El estudio no recomienda dejar de comer pescado. Sí demuestra que los aditivos plásticos migran al pescado durante el almacenamiento, y que en algunos escenarios los niveles de exposición al BPA superan los umbrales de seguridad de la EFSA, especialmente en bebés y niños pequeños.

El bisfenol A (BPA), un disruptor endocrino cuyo límite de ingesta tolerable fue reducido 20.000 veces por la EFSA en 2023. Es el compuesto que más contribuye al índice de riesgo en todos los grupos de edad analizados.

No necesariamente. Los bisfenoles y algunos ftalatos mostraron mayor migración en pescado congelado 30 días que en refrigerado 48 horas. El tiempo de contacto prolongado puede compensar el efecto de las bajas temperaturas.

No según este estudio. La bandeja compostable analizada mostró tasas de migración similares o superiores a la bandeja de poliestireno, y fue la única donde se detectó bisfenol B. Los materiales compostables también contienen aditivos que migran al alimento.

Las bolsas de plástico con cierre zip, a pesar de contener menos aditivos en total. El motivo es el contacto directo entre el plástico y toda la superficie del pescado, que facilita la transferencia de compuestos.

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